Sigamos frotando la lámpara...

Ya hemos puesto la proa hacia lo que una gran parte de la profesión estaba demandando... Disponer de una norma clara que regule el ejercicio y defienda nuestros intereses. Aún existen disciplinas que no cuentan con una ley de colegiación moderna y una de ellas es la del Comercio Internacional en la Provincia de Buenos Aires. ¿Y que trae aparejado no contar con un Consejo que nos represente? En los próximos conceptos intentaremos dar una o más respuestas a ello.

Por lo pronto no podemos dejar de lado, como ya lo veníamos adelantando en otras editoriales, que gran parte de los licenciados... nuestros colegas, apenas consiguen un trabajo para sobrevivir, generalmente haciendo tareas menores de data entry o completando formularios para un despachante, un forwarder o para un jefe del sector exportaciones.  

Saben que no pueden ni podrán aplicar su expertise por varias razones, una de ellas, encuentran en el escalón inmediato siguiente de la pirámide jerárquica, a un profesional de otra carrera, que además de desconocer el argot básico del comercio internacional, nos tratan como empleados y sólo nos abre el juego cuando las papas queman y se le viene la noche.

La solución a esto es resistir o convertirnos en saltamontes para mudar de empresa a empresa tratando de mejorar la situación de empleabilidad, incluyendo el reconocimiento de nuestra habilidades y competencias... si no es mucho pedir.

Pero para que llegue ese esperado momento es necesario cambiar la cultura del empresario PyMe, que por cierto vive atajando penales y cuando se hace del tiempo para atender sus negocios, se da cuenta que el banco le cierra y que al otro día no tendrá ese descubierto que tanto lo inquieta.

Pero no toda la culpa la tiene el chancho...

Nombramos entre otras cosas: expertise; habilidades; competencias; reconocimiento. ¿Que tiene en común estas palabras? La sustancia misma del ser profesional... La que resume lo que podemos hacer y la que alivia de algún modo nuestro espíritu esperanzado.

Nos es difícil “vender” los primeros atributos y en consecuencia que sean aceptados. ¿Debemos encontrar el balance justo entre “serlo” y “parecerlo” para dar en la tecla? Todo dependerá de una cicoplea acción individual y solitaria para lograrlo.

Pero lo que discutimos aquí es mirarnos y sumar voluntades para sortear esas barreras... las naturales y las mentales o autoimpuestas. No podemos avanzar en esta idea de colegiarnos cuando mover una pieza en el tablero parece tarea de titanes o de Dioses del Olimpo... Esta costumbre de esperar sólo del otro el compromiso se torna ineficaz porque estamos hablando de construir un ser colectivo para dar respuestas a lo que venimos planteando.

La opción para que las cosas se hagan no puede estar entre el delivery y el Espíritu Santo.

Colegas!!! Nadie golpeará a nuestra puerta para dárnosla servida... ni la luz divina engendrará la semilla que fructificará cerca de diciembre. Frente a esto debemos acompañarnos en el esfuerzo y socializarnos. Aunque parezca mentiras estamos aún en una etapa preescolar de la profesión y a este paso amenazados de volver a la salita azul del jardín de infantes.

Por lo tanto también dejemos de frotar la lámpara... Aladino no nos va a conceder ni un solo deseo. Cada uno de nosotros tenemos que ganarlo. ¿Desde dónde? Opinando; participando; criticando; ayudando; sugiriendo; aconsejando; planificando... Tampoco queremos una ley de colegiación vacía de contenidos, es decir, sin poder aplicarla ya que el sentido común nos advierte que si no nos movilizamos para conseguirla, menos aún conformaremos listas para cubrir cargos directivos dentro del Consejo Profesional. ¿O estamos errados?

Si el compromiso no llega y se pone a disposición de la profesión, no queremos escuchar más críticas ni menos enjugar lágrimas porque nadie nos emplea...nadie nos reconoce...nadie sabe lo que hacemos... Seguiremos, al cabo del tiempo, siendo empleados al servicio de un proyecto que no se condice con el perfil que elegimos y ya será tarde para volver a empezar... es decir... cambiar de carrera a mitad del río.

Sin darnos cuenta estamos creando el virus de nuestra propia destrucción. Por eso la alternativa válida es traccionar en tándem y aunque apelemos a la remanida pero tan cierta frase de “la unión hace la fuerza”, debemos activarnos imitando el vuelo de las ocas para ganar en capacidad, rapidez y facilidad para llegar al objetivo propuesto.

La puertas del proyecto Colegiación siempre quedan abiertas. Sólo la cerraremos cuando ya estemos en la sala de nuestro Consejo Profesional, es decir, nuestra Casa del Profesional en Comercio Internacional. Para ello instamos primero a la reflexión y después a la participación.

En este fecha especial no debemos estar distante de los colegas que se esfuerzan día a día divulgando el proyecto, llevando a cada ámbito la voz de la profesión y comprometiendo con su propio esfuerzo en jerarquizarla y posicionarla día a día.

Si algunos de nosotros podemos plegarnos a ese derrotero, ya no será en vano todo el sacrificio puesto en ese sentido.

Si por el contrario seguimos esperando que la motito del delivery nos traiga la comida en bandeja y que el Espíritu Santo nos deje la mesa servida, pobre de nuestra profesión y de sus profesionales... estaremos entonces a foja cero de la mano de mamá para hacer adaptación en los primeros días del ingreso al Jardín de Infantes.
 

Autor: Mario D’Angelo
Licenciado en Comercio Internacional (Graduado UNQ) y Co-redactor Anteproyecto ley Colegiación.
1° de Mayo de 2011

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