Cuando emprendimos este proyecto lo hicimos en la creencia que muchos de nosotros indirectamente reclamaba la Colegiación de la profesión. Por qué decimos indirectamente... tal vez porque no había suficiente información sobre el tema y fue por eso que hemos creado espacios en común para consultas, dudas y demás cosas. Desde grupos de correos hasta blog en el ciberespacio y también las reuniones periódicas que mantuvimos mes a mes desde hace casi dos años en la UNQ.
Sabemos que tal vez fueron pocas las instancias y la carga promocional estuvo un tanto demorada. Pero si de una cosa estamos seguro es que hemos tratado en todo momento de democratizar la participación y la inclusión en el proyecto citado.
No ha sido fácil trabajar en una cuasi soledad y por cierto no todo ha sido color de rosa. No pretendíamos un diluvio de adhesiones ni aplausos al unísono.
Normalmente escuchamos el silencio y por eso nos preguntábamos a menudo:
¿Hay alguien del otro lado?
De ninguna manera se puede avanzar únicamente con las intenciones a modo de ruego colectivo o cadenas de oraciones, con el respeto que merece esas manifestaciones espirituales. Acá se necesita la fuerza de una profesión militante y de pie. Porque está todo por hacerse. Porque nadie nos salvará ni desde arriba ni desde abajo. Esto es una empresa colaborativa donde hay que romper con actitudes binarias y esperar que alguien lo haga. Necesitamos del “Uno” pero también del “Cero”. De esta manera podremos seguir contando sin que la cadena se rompa.
Este proyecto es una construcción colectiva y debemos para ello ganar espacios de debates en cada rincón que nos encontremos. Cada uno de nosotros debe llevar el mensaje y compartirlo a modo de misionero. Precisamos además de muchas usinas que generen energías aplicadas a jerarquizar la profesión y en ese camino estamos y seguimos. Nada ni nadie nos demora. Vamos tras el mismo objetivo que se trazaron otras profesiones que hoy gozan de buena salud y están absolutamente posicionadas y reconocidas. Al menos tenemos que compartir ese mismo podio.
Quedarnos abajo para observar como “utilizan” nuestros propios ámbitos de trabajo es continuar haciendo lo que hasta ahora mejor hicimos: quejarnos y quejarnos para luego cruzar los brazos.
Los que aún creen que podemos salvar nuestra dignidad como profesionales, que se sumen y den su punto de vista. Necesitamos ahora sí de una cascada de opiniones. Sindicalizarnos no debe ser una mala palabra. Si miramos alrededor del mundo, en todas sus épocas los cambios que pedían los explotados y oprimidos, fueron obtenidos desde la organización y la suma del esfuerzo compartido. Ni los científicos trabajan en soledad. Todo es colectivo.
No importa quien lleve la bandera del proyecto, importa el resultado final. Por eso una vez más convocamos a la participación.
No queremos seguir escuchando el silencio.
Colegas...estamos golpeando las puertas de sus conciencias... sabemos que detrás está el profesional íntegro que se pone de pie en defensa de sus derechos. Del otro lado estamos los locos que ya subimos la locomotora al riel. Sólo falta empujarla entre todos...
Autor:Lic. Mario D'Angelo (Graduado Comercio UNQ)
09 de Marzo de 2011.
¿Hay alguien del otro lado?
Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS

