Sabemos de las dificultades concretas
que sobrevienen al momento de intentar conseguir un empleo acorde a
nuestras competencias y habilidades. Hablamos en ese sentido de cargos
donde, en principios, requieran de la intervención de un Licenciado en
Comercio Internacional y que cuando de postulantes se trata, vemos
azorados como se entremezclan para aplicar, candidatos de disciplinas
variadas. De un modo parecido esta situación impacta en el ejercicio de
la profesión liberal. Tanto profesionales como técnicos y prácticos
ajenos a nuestra actividad, promocionan servicios del ámbito exclusivo
de nuestras incumbencias, haciéndolo con total naturalidad y sin ponerse
colorados. Publican avisos destacados, diseñan su site web, entre otras
formas de darse a conocer, dejando de lado la misma ética que, de un
modo laxo, sus Consejos y/o Colegios y/o Centros que los nuclean, la
utilizan para “limpiar” el campo de malezas y así poder extender la
frontera laboral a costa de nuestra oferta.
Es así que
fuentes de trabajo se pierden día a día y frustran las esperanzas de
muchos de los recién graduados, agregando a la lista, profesionales
experimentados. Circunstancias como las descriptas los empujan a
conformarse con un simple puesto en la recepción de una Pyme, en un
call-center de una empresa de celulares, en la caja de un supermercado o
como promotores de servicios bancarios en una entidad financiera, entre
otros. Reflexionan y se preguntan: ¿Tantos años de estudio para esto?
Al extremo y ya resignados, piensan descolgar sus títulos y ponerse el
overall de aprendiz para así redimir el terrible pecado original que
representa no poseer experiencia previa alguna.
Tal vez
parte del problema lo tengamos nosotros por no alentar la asociación
entre colegas para que actúe en defensa de estos atropellos, pero en
verdad es poco lo que se conoce de nuestro expertise (en la esfera
pública como en la privada) y mucho mas grave aún, apenas concluida la
carrera de grado nos damos las espaldas y peregrinamos solitariamente en
busca del milagro: que un empleo nos caiga del cielo. Por cierto hoy en
día un trabajo acorde a nuestras expectativas escasean, en parte, como
ya dijimos, porque otras profesiones invadieron ámbitos propios al mejor
estilo “Veni, Vidi Vici ” del Cónsul Romano y en parte
tal vez, porque no supimos concientizar a los empresarios Pymes de lo
necesario que sería nuestra intervención para su crecimiento, por
razones variadas que cada uno encontrará (baja autoestima, poco
marketing -autobombo -, no asumir riesgo, conformismo, falta de
oportunidades o lo que sea).
Esta realidad se viene
agudizando últimamente y si bien, desde el seno de la profesión se
advierte preocupación, observamos que sólo existen casos aislados que
mantienen una lucha incipiente por jerarquizarla y por liberar espacios a
los empujones entre quienes, como ya dijimos, detentan títulos y
honores dentro de nuestros ámbitos de actuación profesional. Desafiantes
a toda norma resolutiva que emane del Ministerio de Educación en
cuestiones de incumbencias o de otros códigos regulatorios, afinan sus
destrezas, alistan sus tropas y prestos van directo a la conquista de
territorios ajenos para plantar banderas para luego instalarse y vender
nuestro producto a costo cero.
Colegas... si pensábamos que ya habían desaparecido de la faz de la tierra aquellas épocas pretéritas de usurpaciones “a lo criollo” ,
saquemos entonces patente de crédulos porque mal orientados estábamos.
Todos estas tropelías se reeditan constantemente hoy... en el
presente... y nosotros meros espectadores escondidos detrás de las
bambalinas observando a quienes organizan y disfrutan de sus funciones
en proscenios prestados.
Para desentrañar esta problemática
debemos en primer lugar reconocer su complejidad para luego ir en
búsqueda de soluciones apropiadas. En ese sentido viene bien poner la
lupa sobre algunas de las causas que generan estos avatares en el inicio
de nuestra vida profesional. Una vez desentrañadas podremos ensayar
algunas respuestas que alberguen posibilidades de cambios futuros. Por
lo pronto echemos una mirada sobre la universidad, institución
transmisora de conocimientos y de formación académica. ¿Podría estar
ausente o ajena a la problemática planteada?
Si releemos pasajes del documento del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN): “Las Universidades Públicas en el Año del Bicentenario” (*) nos encontraremos con estas afirmaciones:
“
(...) proponer las continuidades y los cambios necesarios para poner a
nuestras universidades de cara a los desafíos de hoy. Las experiencias
internacionales muestran que no existen casos donde las universidades
hayan estado ausentes en la definición y construcción de modelos de
sociedad integrado y productivos. Por un lado, porque la ciencia, la
tecnología y el conocimiento en general desempeñan un papel cada vez
más relevante en la definición de dichos modelos; por otro, porque en
las universidades se forman buena parte de los líderes y cuadros
dirigentes.”
Como vemos, las universidades asumen su función principal como formadoras de “... buena parte de los líderes y cuadros dirigenciales”
y para ello deben moldear, como cual artista que cincela un mármol,
toda potencialidad del profesional que llevamos adentro, imprimiéndole
códigos éticos, morales y sociales como pilar basal del ser humano y
también brindándole la formación de la especialidad elegida, en resumen:
la materia prima que hará de nosotros verdaderos agentes de cambio
dentro de la economía que espera y necesita de nuestra actuación.
Podremos así intentar multiplicarla en pos del crecimiento país y de su
gente. Es el desafío que debemos tomar a modo de mandato indelegable,
generando democráticamente, espacios de discusión e ideas donde seamos
partícipes directo del nuevo paradigma que merece nuestra profesión.
Si en el mientras tanto la etapa de inserción laboral se sigue
demorando, quizás los actores académicos tendremos que replantearnos,
entre otras variables, si “el perfil que le quisimos dar al egresado
está acorde a las necesidades del mundo empresarial y de la demanda
social”; si “los contenidos de los planes de estudios han tenido en
cuenta esas circunstancias y sea hora de remozarlos”; si “debemos pensar
ya en un modelo de formación diferente, colocando en una plataforma
común modalidad, materias, profesores y alumnos que interactúen”; si
“necesitamos de un espacio curricular dotado de recursos y herramientas,
a modo de “simulador”, para aplicarlos al ejercicio profesional del
futuro graduado”; si “la práctica laboral externa supervisada desde la
universidad sería también parte de la solución” y otras alternativas que
se irán agregando a lista.
Claro está, que participando
y comprometiéndonos día a día, podremos soñar con tener un trabajo
digno que nos espere a la puerta de la universidad una vez egresado de
la misma. Para ello debemos darle “entidad” a nuestra profesión, es
decir, que sea ampliamente conocida por lo que podamos hacer en base a
la competencia y capacidad. Para ello tenemos que ser claros cuando nos
pregunten: ¡¿Uds... los licenciados en Comercio Internacional, qué son o
qué hacen?! Somos los que posibilitamos negocios en la esfera mundial
acercando a las partes y los hacemos luego de: haber investigado
mercados, participado de misiones y ferias comerciales, cerrado alianzas
con proveedores de logística y de despacho aduanero, asesorado a Pymes
exportadoras o a punto de serlo, entre otras de las tantas gestiones
sustantivas que a diario nos demandan, más allá de la capacitación
permanente a la cual nos disponemos constantemente.
Pero
para nuclear la voluntad de todos los graduados y proyectar
consecuciones concretas y definitivas, debemos pelear por nuestro propio
consejo profesional. Para ello hay que dar batalla en todos los
rincones con convencimiento, actitud y firmeza, y ciertamente es la
organización la que nos servirá de escudo para alcanzar los objetivos de
jerarquizarla. No necesitamos de “registros especiales” de otros entes
profesionales que a manera de “convidados de piedra” nos den la
colegiación pero no el derecho político de poder ser candidatos para ser
parte de la comisión que los preside. Esto nada cambia. Seguimos siendo
profesionales de segunda o como comúnmente nos denominan: “graduados
con títulos no tradicionales”. ¿Qué tenemos que esperar para
convertirnos en “graduados tradicionales”?... ¡¿20 años más?!
Señores profesionales del resto de las disciplinas, ninguno de nuestros
colegas han desvalorizado vtro. trabajo ni menos invadido vtros.
territorios... Por favor no continúen haciéndolo con nosotros.
Para diseñar los modelos de cambio propuestos en los ámbitos académicos
se requieren de líderes y no de falsos profetas. Apelamos para que así
sea, a graduados criteriosos que lleven adelante propuestas de largo
alcance, con colegas que defiendan sus incumbencias y campos de
actuación, pero sobre todo, que repelan, sin pudor ni temor, toda
artimaña que desnaturalice la práctica de estas variables. que son la
substancia que le dan sustento a nuestra profesión De ser así,
estaremos en vía de jerarquizarla y saldar por cierto, la deuda que
tenemos con ella. Luego de esto, insertarnos laboralmente, será como ponernos las medias antes de salir por la mañana.
Autor: Lic.
Mario O. D’Angelo (Graduado de la Universidad Nacional de Quilmes en el
año 2006 en la carrera de Comercio Internacional)
(*) ver documento completo en:
http://www.unq.edu.ar/layout/nota.jsp?idContent=42657
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nunca mejor exlicado....ahora se suma tambien a q las universidades o asi tambien como institutos creo q deberian posibilitar practicas en diferentes organismos tanto publicos como privados...porq a la hora de uno presentarse siempre esta el requisito de la EXPERIENCIA, que no se la tiene porq tampoco le brindan la oportunidad.....
Gracias Lucía por tu comentario... nos enfrentamos a un mundo profesional que debemos "conquistarlo" a la vieja usanza de los "Primeros Adelantados en América" que vinieron a evangelizar con la cruz pero más con la espada... no nos queda otra opción hasta contar con un Consejo que nos contenga y que se ponga firme con quienes continúan usufructuando la "patente de corso" y hacen de las suyas...
Seguimos en contacto. Mario D'Angelo